Esta octava entrega de la saga se ubica entre las más fluidas, divertidas y emotivas en sus ya 40 años de historia.
Star Wars: Los últimos Jedi (Star Wars: The Last Jedi, Estados Unidos/2017). Guión y dirección: Rian Johnson. Elenco: Mark Hamill, Carrie Fisher, Adam Driver, Daisy Ridley, John Boyega, Oscar Isaac, Andy Serkis, Domhnall Gleeson, Anthony Daniels, Gwendoline Christie, Kelly Marie Tran, Laura Dern y Benicio Del Toro. Fotografía: Steve Yedlin. Música: John Williams. Edición: Bob Ducsay. Distribuidora: Disney. Duración: 152 minutos. Apta para mayores de 13 años.


(Atención: Esta crítica fue publicada previamente en el diario La Nación. Si bien consideramos que no tiene mayores spoilers, ante la ansiedad y sensibilidad que genera una película de esta saga entre sus fans recomendamos su lectura después de haber visto el film o, claro, en caso de que no piensen verlo. Para nosotros publicar un texto es un servicio y está disponible para cuando el lector desee acercarse a él. No aceptamos, por lo tanto, enojos, reclamos o injurias de los "cazadores de spoilers" que hoy tanto abundan.)


La incorporación de Rian Johnson como guionista y director en la saga de Star Wars suponía no pocos riesgos. Más allá de sus antecedentes (Brick, Los estafadores, Looper: Asesinos del futuro y un puñado de los mejores episodios de la serie Breaking Bad como, por ejemplo, Ozymandias), había dudas sobre su capacidad para trabajar como autor y narrador la herencia (con sus cliffhangers) dejada hace dos años por el realizador y coguionista J.J. Abrams en El despertar de la fuerza.

Tras apreciar los 152 minutos del Episodio VIII queda claro que Johnson no sólo aportó su impronta personal sino que consiguió la que probablemente sea la película más sólida, fluida, divertida y emotiva de la saga desde... El imperio contraataca. Justo cuando la franquicia creada por George Lucas cumplió 40 años parece haber encontrado la madurez que tantos le reclamaban.

Claro que los cambios que propone Los últimos Jedi pueden generar también cierta decepción entre aquellos cultores del espíritu más old fashioned de la saga. Es que por su tono, sus climas, su estética y sus conflictos esta octava entrega significa el ingreso definitivo de la impronta Disney en el universo de Star Wars. Es la película que mejor conecta con un público familiar, pero también puede irritar a los más cínicos defensores de la “pureza” original.

Los últimos Jedi arranca con una excelente escena de batalla espacial y, desde entonces, casi no parará hasta el final. Por supuesto, hay momentos más intimistas ligados a la relación de Rey (Daisy Ridley) con Luke Skywalker (un Mark Hamill que ahora sí tiene muchos y decisivos minutos en pantalla) y luego con un conflictuado Kylo Ren (Adam Driver) que lucha contra sus contradicciones internas, pero casi nunca detiene su vertiginosa marcha, que encuentra en cada aparición de Leia Organa (Carrie Fisher) momentos de emoción que tienen que ver tanto con los méritos de la película como con la inevitable sensación del espectador de sufrir por la prematura muerte de la ya mítica actriz.

En este octavo episodio que enfrenta a los rebeldes de la Resistencia contra los malvados de la Primera Orden liderados por el Líder Supremo Snoke (Andy Serkis), el risible General Hux (Domhnall Gleeson) y el siempre indeciso Kylo Ren hay un poco de todo (y en la mayoría de los terrenos el resultado es más convincente): desde la confirmación de Finn (John Boyega) como héroe de acción pasando por la evolución del piloto Poe Dameron (Oscar Isaac) para convertirse en una suerte de sucesor de Han Solo. En cuanto a las apariciones de Kelly Marie Tran, Benicio Del Toro y Laura Dern puede decirse que no decepcionan, aunque tampoco están del todo aprovechados.

Los últimos Jedi es, en definitiva, la película épica y monumental que todo fan exige a esta altura (incluye hasta inmolaciones propias de pilotos kamikaze), pero también la comedia que los más pequeños celebrarán (vuelven BB-8, C-3PO, R2-D2, Chewbacca, Yoda y aparecen todo tipo de queribles mascotas y animalitos). Menos seria y oscura de lo que se preveía, la película regala un final de antología -épico y conmovedor- que nos permite esperar con las mejores expectativas el Episodio IX, con el regreso de J.J. Abrams al comando.

Se ocultan en la oscuridad (Be Afraid, Estados Unidos/2017). Dirección: Drew Gabreski. Elenco: Brian Krause, Jaimi Paige, Louis Herthum, Jared Abrahamson, Michelle Hurd, Michael Leone, Noell Coet, Sade Kimora Young, Kevin M. Horton y Eric Chandler. Guión: Gerald Nott. Fotografía: Scott Peck. Música: Corey Wallace. Distribuidora: SBP Worldwide. Duración: 99 minutos. Apta para mayores de 13 años con reservas. Salas: 40. 


La Argentina debe ser uno de los países con mayor consumo de cine de terror en el mundo. Estrenada solo en Estados Unidos, Kuwait (¿?) y aquí, Se ocultan en la oscuridad es el típico exponente clase B centrado en los sucesos paranormales en un pueblo chico. Una película vista mil veces antes… y mejor. 

El protagonista es un doctor recién mudado a un caserón de ensueño que empieza a sufrir pesadillas con un ser monstruoso que lo acecha desde la oscuridad. Un ser muy parecido a Freddy Krueger. Nada original ni contundente sucede después: el doctor investiga, el monstruo se vuelve cada vez más real, lo ven algunos otros personajes…

Se ocultan en la oscuridad oscila entre el thriller psicológico y el terror más llano sin funcionar en ninguno de los dos terrenos. Para el primero le falta profundidad y desarrollo; para el segundo, una buena de dosis de oficio de parte de sus responsables. Con un guión trillado y previsible hasta la última coma, y un tono serio que nunca asume su condición de berretada, Se ocultan en la oscuridad no asusta, ni moviliza ni entretiene.
Thor: Ragnarok (Estados Unidos/2017). Dirección: Taika Waititi. Elenco: Chris Hemsworth, Tom Hiddleston, Cate Blanchett, Idris Elba, Jeff Goldblum, Tessa Thompson, Mark Ruffalo, Karl Urban, Anthony Hopkins y Benedict Cumberbatch. Guión: Eric Pearson, Craig Kyle y Christopher L. Yost. Fotografía: Javier Aguirresarobe. Música: Mark Mothersbaugh. Edición: Zene Baker y Joel Negron. Distribuidora: Disney. Duración: 130 minutos. Apta para mayores de 13 años.



Tras la solemne Thor (2011), fallido intento de Kenneth Branagh por mixturar el espíritu de Shakespeare con el universo de superhéroes; y Thor: Un mundo oscuro(2013), del impersonal Alan Taylor, esta tercera entrega de la saga protagonizada por el dios del trueno, personaje tomado de la mitología nórdica, resulta -en la comparación y por sus indudables hallazgos- una notable evolución. No es que Ragnarok sea una obra maestra (incluso reitera ciertos lugares comunes de la franquicia), pero estamos ante una comedia de acción ligera y entretenida.

Aunque no es la primera vez que Marvel apuesta por la comedia (el Iron Man de Robert Downey Jr. y la saga de Guardianes de la Galaxia son ejemplos previos), el mérito del talentoso director neozelandés Taika Waititi (el mismo del falso documental Casa vampiro) pasa por acentuar y potenciar el espíritu lúdico -por momentos incluso autoparódico- para que el disfrute pase más por el humor que por la espectacularidad de la acción, el festival de efectos visuales generados por computadora o la complejidad de la trama.

En el inicio del film Thor vuelve a Asgard y descubre que su hermano adoptivo Loki (Tom Hiddleston) está vivo. Pero el lugar del villano no será esta vez suyo sino de la medio hermana Hela (Cate Blanchett), diosa de la muerte y heredera al trono del padre Odin (Anthony Hopkins).

Ni Blanchett ni Hiddleston (ni tampoco el Doctor Strange de Benedict Cumberbatch ni el Heimdall de Idris Elba) están demasiado aprovechados, pero como compensación aparecen el Bruce Banner de Mark Ruffalo (excelente la pelea de su Hulk con Thor), los aportes hilarantes de Tessa Thompson como la rebelde guerrera Valquiria y de un grandilocuente Jeff Goldblum como el Gran Maestro y, claro, la simpatía que aporta el cada día más eficaz galán Chris Hemsworth en el papel protagónico.

El resto es más o menos lo de siempre (que no es para nada despreciable): desde los cameos (el mítico Stan Lee, la Viuda Negra de Scarlett Johansson) hasta largas secuencias de lucha contra gigantescas criaturas fantásticas con música rock de fondo, pasando por las infaltables escenas adicionales ubicadas en la mitad y al final de los créditos de cierre. Marvel no defrauda a sus fans.

Annabelle 2: La creación (Annabelle: Creation, Estados Unidos/2017). Dirección: David F. Sandberg. Elenco: Stephanie Sigman, Talitha Bateman, Lulu Wilson, Philippa Coulthard, Grace Fulton, Samara Lee, Tayler Buck, Anthony LaPaglia y Miranda Otto. Guión: Gary Dauberman. Fotografía: Maxime Alexandre. Música: Benjamin Wallfisch. Edición: Michel Aller. Distribuidora: Warner Bros. Duración: 109 minutos. Apta para mayores de 13 años con reservas. Salas: 343.




La muy floja Annabelle (2014) surgió como un desprendimiento (spinoff en la jerga de la industria) de la notable El conjuro (2013), que el año último tuvo una más que digna secuela. La doble saga continúa ahora con la segunda parte de Annabelle que, sin ser ninguna maravilla, resulta ampliamente superior a su predecesora.

Tras dejar en claro su capacidad para el género en Cuando las luces se apagan, el director sueco David F. Sandberg ratifica sus condiciones de sólido narrador y regala, a partir de un guión elemental que apela a elementos básicos del género de terror como las muñecas diabólicas, los niños con (y en) problemas y las viejas casonas, unas buenas dosis de suspenso, tensión y, claro, unos cuantos sustos.

Samuel Mullins (Anthony LaPaglia), que se dedica a fabricar y vender muñecas artesanales, y su esposa Esther (Miranda Otto) pierden a su hija en un insólito accidente. Doce años más tarde (plena década de 1940), aún devastados por la tragedia, abren su casa a seis huérfanas y a la monja que las cuida. Entre ellas aparece Janice (Talitha Bateman), la más vulnerable de todas porque la poliomielitis la ha dejado con una pierna ortopédica y luego en silla de ruedas. Ella será la protagonista de un film construido con indudable profesionalismo y que, por suerte, está más cerca de los hallazgos de la saga de El conjuro que de la mediocre entrega inicial de Annabelle.

Liga de la Justicia (Justice League, Estados Unidos/2017). Dirección: Zack Snyder. Elenco: Ben Affleck, Henry Cavill, Gal Gadot, Ezra Miller, Ray Fisher, Jason Momoa, Jeremy Irons, Robin Wright, Connie Nielsen, Amy Adams, Amber Heard, Diane Lane, Billy Crudup, J.K. Simmons y Ciarán Hinds. Guión: Chris Terrio y Joss Whedon. Fotografía: Fabian Wagner. Música: Danny Elfman. Edición: David Brenner, Richard Pearson y Martin Walsh. Diseño de producción: Patrick Tatopoulos. Distribuidora: Warner Bros. Duración: 121 minutos. Apta para mayores de 13 años. Copias: 450.


Tras los fracasos artísticos de Batman v. Superman: El origen de la justicia y Suicide Squad, y de los múltiples problemas de producción (Joss Whedon reemplazó a Zack Snyder en la parte final del rodaje tras el suicidio de la hija de éste; Danny Elfman se hizo cargo de la música en lugar de Junkie XL, que a su vez ya había sustituido a Hans Zimmer; y el costo final se disparó hasta llegar a 300 millones de dólares), que Liga de la Justicia sea “apenas” una película aceptable es una buena noticia.

La propuesta es básica: presentar a cada uno de los personajes principales, Batman (Ben Affleck), Mujer Maravilla (Gal Gadot), Flash (Ezra Miller), Aquaman (Jason Momoa) y Cyborg (Ray Fisher), oponerles un malvado todopoderoso como Steppenwolf (una creación con técnica de captura de movimiento y voz de Darth Vader a cargo de Ciarán Hinds) y una lucha por la posesión de distintas cajas que, unificadas, podrían tener una fuerza devastadora. Quizás la apuesta más osada sea la desaparición inicial de Superman (Henry Cavill), pero mejor no adelantar demasiado.

Liga de la Justicia es a DC Comics/Warner lo que The Avengers fue a Marvel/Disney; es decir, la posibilidad de reunir a sus superhéroes “titulares” en un mismo film con la idea de que, más allá de las diferencias que puedan tener, unan fuerzas para combatir al Mal y, de paso, recuperen parte del esplendor perdido con vistas a futuras películas individuales.

Aunque pierde claramente en la comparación (al menos con la primera Avengers de 2012) porque el humor funciona con cuentagotas (hay algunos remates de diálogos al borde del ridículo), lo de Affleck y Cavill es de una inexpresividad que no deja de llamar la atención, muchos personajes secundarios a cargo de notables intérpretes están completamente desaprovechados e incluso se notan ciertos desajustes en la edición y en el acabado de los efectos visuales, Liga de la Justiciatiene algunos hallazgos en los personajes de Mujer Maravilla, Aquaman y Flash (el típico joven nerd que funciona como comic relief) y cumple con lo que promete: no se sale un milímetro del libreto, de la fórmula prefijada, y regala muchas y adrenalínicas secuencias de acción.

Snyder dice haber tomado al clásico Los siete samuráis (1954) como principal fuente de inspiración, pero si no se advierte en Liga de la Justicia demasiado de la maestría del japonés Akira Kurosawa al menos esta vez hay bastante menos densidad y solemnidad que en su Batman v. Superman. Como siempre, conviene quedarse para las escenas “sorpresa” en la mitad y al final de los créditos de cierre. La última entrega, además, varias pistas para la continuación de esta película. El show debe seguir. La única máxima que Hollywood nunca deja de aplicar.



Muchos de nosotros coleccionamos recuerdos relacionados con It (Eso). O es el libro de terror que nos demostró que el terror es algo más que puro género, o es la miniserie televisiva medio chafa (en cuanto a valores de producción) con la que Tim Curry vestido de payaso se metía en nuestras peores pesadillas y de la cual ya se prepara un documental. Para mí, que ya era miembro del club de fans de Freddy Krueger a esas alturas, fue una sesión doble de VHS con amigos, a principios de los 90… Y sí, sufrí sus correspondientes pesadillas. Lo que vengo a decir es que Stephen King, y Eso en particular, forman parte del patrimonio sentimental de varias generaciones. La nostalgia impregna cualquier experiencia relacionada con este título, y también, cómo no, esta nueva adaptación, dirigida por el argentino Andy Muschietti (vean su corto, Mamá, aquí), que apela sin desvergüenza a nuestros recuerdos, a nuestra idea de la infancia, a los lugares comunes del paseo en bicicleta, los amigos, el calor, el amor puberto. Es más, Muschietti se atrevió a cambiar la épocaen que se desarrollaba el relato original –los años 50– y llevarlo hasta los 80, la época en que el cineasta creció. Es una decisión acertada, porque él conoce esas referencias espacioculturales, y seguramente el espectador también, y la identificación que podemos tener cualquiera de nosotros con los chistes de New Kids on the Block no tienen nada que ver con los que King proponía en su escalofriante libro.

Siendo como es una película sobre la infancia, es de agradecer que sus protagonistas sean realmente niños. Más bien, actores perfectamente elegidos y entrenados. Ni se subió la edad a los personajes, ni contrataron a adolescentes bien afeitaditos. Aun a riesgo de ganarse la temible calificación R para adultos, la producción apostó por este riesgo. It (Eso) es, pues, una película de niños… Para adultos. Es también una adaptación muy fiel al espíritu del libro original, al menos en la primera parte, ya que se espera una segunda con los personajes ya adultos. Se nota el amor y la reverencia con que Muschietti maneja el material de Stephen King. Es cierto que propone alternativas, pero no juega a disfrazar las cosas, el discurso y la fantasía de King están ahí, sin excusas, sin esconder el truco, sin tratar de ser hiperrealista o híper moderno. De hecho, el director inicialmente elegido, Cary Fukunaga, al parecer sí quería contar una historia mucho menos fantasiosa y más apegada a la realidad. No sé como se podría hacer eso, pero renunciar a un payaso capaz de cambiar de forma o al recurso de usar los miedos más profundos de cada uno en su beneficio, se me hace una lástima. Por eso, a pesar de que reconozco el talento de Fukunaga, agradezco la desvergüenza de Muschietti. Porque It va exactamente de eso. Del miedo. De los miedos de los niños, de las pesadillas infantiles, de la maldad que no sabes que existe hasta que empiezas a crecer y te asomas a ver la oscuridad y la violencia que nos rodea. Ésta, por tanto, es una película sobre la madurez, sobre ese último verano en que tienes derecho a ser niño. La ternura, la sensibilidad y sentido del humor con que están manejados todos estos sentimientos –sin dejar de estar enmarcados dentro de una película aterradora– destacan en toda la aventura.

El payaso Pennywise no tiene la oportunidad de brillar en la medida en que lo hacía Tim Curry: Bill Skarsgård se limita a hacer bien su trabajo y deja el protagonismo en manos de los niños. Da miedo, sus apariciones son contadas y se sacrifica en beneficio del producto final.

It (Eso) es una película muy cercana, muy comercial, muy terrorífica y muy “bonita”. Este adjetivo puede parecer contraproducente en un filme de horror, pero no, Muschietti logra que suframos tanto como disfrutamos de ese verano, ese compañerismo, ese amor preadolescente. It (Eso) es, en resumen, una gozosa experiencia cinematográfica, un comfort food reconocible, ameno y aterrador. Yo que ustedes, me dejaba arrastrar por Pennywise al fondo del drenaje de Derry. Da miedo, sí, pero que divertida experiencia.


Un eficaz thriller político con dos veteranos astros que resisten el paso del tiempo.
El implacable (The Foreigner, Reino Unido-China-Estados Unidos/2017). Dirección: Martin Campbell. Elenco: Jackie Chan, Pierce Brosnan, Orla Brady y Lia Williams. Guión: David Marconi, basado en la novela The Chinaman, de Stephen Leather. Fotografía: David Tattersall. Música: Cliff Martinez. Edición: Angela M. Catanzaro. Distribuidora: Diamond Films. Duración: 113 minutos. Apta para mayores de 16 años.


A los 64 años, el irlandés Pierce Brosnan, ex agente 007, sigue reinventándose en películas donde los conflictos ya no le exigen mayores esfuerzos físicos. En cambio, casi con la misma edad (apenas once meses de diferencia), ese astro de las artes marciales que es el hongkonés Jackie Chan sigue combatiendo cuerpo a cuerpo -con menos rigores, es cierto- con puños y patadas en siempre vistosas e ingeniosas coreografías. El primero, por lo tanto, resultará el cerebro y el segundo, el corazón de este thriller dirigido con buen pulso por el neozelandés Martin Campbell (responsable de varias películas de las sagas de James Bond y de El Zorro). 

Con la típica estructura de gato y ratón, Chan interpreta en El implacable a Quan, el dueño de un humilde restaurante londinense que quiere vengar la muerte de su hija en un atentado terrorista. Brosnan, por su parte, encarna a Liam Hennessy, un enigmático y manipulador funcionario del gobierno británico con un oscuro pasado. El individuo noble (que se ve obligado a utilizar todos los recursos a su alcance) contra un sistema insensible y corrupto será el eje principal de una película algo esquemática en su propuesta (no es difícil adivinar ciertas vueltas de tuerca), pero al mismo tiempo construida con un permanente profesionalismo que por momentos deriva incluso en un virtuosismo formal que se agradece.

El pequeño vampiro (The Little Vampire, Alemania-Reino Unido-Dinamarca-Holanda/2017). Dirección: Richard Claus y Karsten Kiilerich. Guión: Richard Claus y Larry Wilson, basado en las novelas de Ángela Sommer-Bodenburg. Distribuidora: Energía. Duración: 83 minutos. Apta para todo público. En salas 2D y 3D. Versión doblada al castellano.


El carretel de los vampiros sigue teniendo kilómetros y kilómetros de hilo para cortar, también en materia de cine infantil. Un par de años después de Hotel Transylvania 2 (y poco antes de la tercera entrega de esa saga) llega otro título protagonizado por una familia de chupasangres llamado El pequeño vampiro. 

Basado en los personajes de las novelas de Angela Sommer-Bodenburg, el film de Chris Brouwer y Richard Claus tiene a los que quizá sean los vampiros más buenos del mundo. Tan buenos son que no saben cómo defenderse de un malvado cazador dispuesto a todo para encerrarlos, cosa que ocurre durante una reunión por el cumpleaños número 13 de Rudolph. El pequeño deberá salvar a los suyos mientras es perseguido por su enemigo. Para eso contará con la ayuda de Tony, un humano de su misma edad fascinado por los mundos de ultratumba. 

Sin la estridencia habitual de Hollywood (se trata de una coproducción enteramente europea), el film es un relato de aventuras sobre la amistad con varios lugares comunes y hecho a pura fórmula, pero también con una sentida honestidad para ver al público infantil a la cara. 

Pequeña, clásica, con personajes sumamente queribles, incluidos los “malos”, El pequeño vampiro oculta sus imperfecciones cuando se ve con los ojos de los chicos que alguna vez fuimos.

La ley de la jungla (La loi de la jungle, Francia/2016). Dirección: Antonin Peretjatko. Elenco: Vincent Macaigne, Vimala Pons, Mathieu Amalric, Pascal Légitimus, Rodolphe Pauly, Jean-Luc Bideau y Fred Tousch. Guión: Antonin Peretjatko, Frédéric Ciriez. Fotografía: Simon Roca. Edición: Xavier Sirven y Antonin Peretjatko. Distribuidora: Mirada. Duración: 99 minutos. Apta para mayores de 13 años. Salas: 17 (Arte Multiplex, Belgrano Multiplex, Patio Bullrich, Village Recoleta, Village Caballito, Cinemark Palermo, Village Pilar, Showcase Norte, Hoyts Unicenter, Multiplex Pilar, CPM Adrogué, CPM Cinemas Nordelta, Cinema Paradiso de La Plata, Village Rosario, Del Centro de Rosario, Dino Ruta 20 de Córdoba y Showcase de Córdoba).


Elegida en el octavo puesto del Top 10 de 2016 de Cahiers du Cinéma, La ley de la jungla no resulta para mi gusto merecedora de semejante honor. Se entiende que la mítica revista haya querido reconocer a una segunda película que apuesta al humor desatado, pero el film de Antonin Peretjatko -aun con sus buenas dosis de audacia y desenfado- no llega a ser una gran comedia y eso que tiene como protagonista a uno de los mejores intérpretes del género en ese país, Vincent Macaigne, quien ya había trabajado con Peretjatko en La fille du 14 juillet (2013).

Macaigne es Marc Châtaigne, un empleado interino del Ministerio de Normas (SIC) que es enviado de apuro por su jefe a la Guayana francesa para implementar las normas de construcción europeas en Guyaneige, la primera pista de esquí amazónica con nieve artificial.

Ya en destino comenzarán (o seguirán) sus desventuras en un film que combina humor negro, género de aventuras (expedición por la selva amazónica), romanticismo (por allí aparecerá la bella Tarzan, bella empleada de la Oficina Nacional Forestal interpretada por Vimala Pons) y algo de acidez política al exponer la burocracia y el espíritu colonialista que aún hoy domina a muchos franceses.

El tono absurdo y exagerado de La ley de la jungla -que desaprovecha al gran Mathieu Amalric en un papel secundario sin demasiado relieve- remite por momentos al cine del sueco Roy Andersson o del georgiano Otar Iosseliani, así que es capaz de incomodar y hasta irritar a los cultores de la comedia más clásica o contenida. De todas maneras, para quienes gusten de un humor más extremo y delirante, La ley de la jungla es una propuesta valiosa y Peretjatko, un director para tener en cuenta en el futuro.

Las películas de supervivencia en condiciones muy adversas y basadas en casos reales constituyen un subgénero, sobre todo en Hollywood. En esa línea se ubica este nuevo film del director de Acto de valor y Need for Speed que recupera la historia de Eric LeMarque, un ex jugador de hockey sobre hielo y fanático del snowboard que en 2004 quedó varado durante más de una semana en una montaña y en medio de una fuerte tormenta.

Eric (Josh Hartnett) es un muchacho de pasado traumático, familia disfuncional y presente complicado (adicto a las drogas y con un proceso judicial en camino por un accidente automovilístico). Su “evasión” del mundo real es la velocidad, la adrenalina, el vértigo y, por eso, irse a la alta montaña para lanzarse con su tabla es una obsesión y una necesidad. Pese a la inminencia de un temporal, Eric no sólo sube sino que además sale de las pistas para internarse en la inmensidad blanca (lo primero que le ocurrirá será toparse con una manada de lobos salvajes).

Si esta parte de la película no es demasiado ocurrente (hay varias escenas filmadas con cámaras GoPro y editadas como si fuera un comercial sobre deportes extremos), mucho peor resultan los flashbacks que muestran la dura infancia y adolescencia del protagonista, sobre todo la conflictiva relación con su abusivo padre (Jason Cottle) y su madre Susan (Mira Sorvino, otrora una actriz de relieve hoy relegada a este tipo de papeles mediocres en películas ídem).

Todo en el film es torpe y subrayado hasta lo irritante: los conflictos, las contradicciones, el (ab)uso de la música épica, la bajada de línea "inspiradora". Piensen en el James Franco de 127 horas, pero sin el más mínimo vuelo visual ni la intensidad de Danny Boyle. Cine de fórmula, de concepto, de marketing, pero sin ingenio ni capacidad de sorpresa. Una película de supervivencia... para el espectador.

La navidad de las madres rebeldes (A Bad Moms Christmas, Estados Unidos-China/2017). Guión y dirección: Jon Lucas y Scott Moore. Elenco: Mila Kunis, Kristen Bell, Kathryn Hahn, Cheryl Hines, Christine Baranski, Susan Sarandon, Jay Hernandez, Justin Hartley y Peter Gallagher. Fotografía: Mitchell Amundsen. Música: Christopher Lennertz. Edición: James Thomas. Distribuidora: Diamond Films. Duración: 104 minutos. Apta para mayores de 13 años con reservas.


Hace poco más de un año se estrenó en los cines argentinos El club de las madres rebeldes, exitosa comedia sobre mujeres escrita y dirigida por hombres. Jon Lucas y Scott Moore (reconocidos guionistas de films como ¿Qué pasó ayer? y codirectores de 21, la gran fiesta) vuelven a tomar el timón en esta secuela que se ubica un escalón por debajo de su predecesora.

Las protagonistas son Amy (Mila Kunis), Kiki (Kristen Bell) y Carla (Kathryn Hahn) y el período, como sostiene el título, es el período navideño con su caos, su consumismo, sus tradiciones y sus conflictos familiares. En este sentido, nuestras heroínas sumarán a las problemáticas cotidianas las visitas de sus respectivas madres, cada una con su carga no menor de obsesiones, miserias y desplantes.

Amy, recientemente divorciada y en pareja con el impecable Jessie (Jay Hernandez), se las tendrá que ver con Ruth (Christine Baranski); Kiki y su marido sufrirán la invasión de Sandy (Cheryl Hines), mientras que la soltera del trío, Carla, deberá lidiar con Isis (Susan Sarandon), una madre todavía más “descarriada” que ella.

La película -al igual que el film original- intenta cuestionar (mediante el tono satírico) el lugar de la mujer como madre sufrida, esposa abnegada y administradora / contenedora de la dinámica familiar. El problema es que lo hace apelando en muchos pasajes al lugar común, a la broma fácil y efectista, con una capacidad de provocación casi nula. 

Así, más allá de que algunas espectadoras puedan sentirse indentificadas con algunos de los padecimientos de las tres mujeres (madres e hijas a la vez) el humor de La navidad de las madres rebeldes es de corto alcance y bajo vuelo (todas las actrices están un poco libradas a su suerte y lejos de los mejores trabajos de sus respectivas carreras). En definitiva, un entretenimiento ligero, superficial y con escasos momentos de inspiración.
 
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